Como me ocupé de las pertenencias de mi primo que murió

Como me ocupé de las pertenencias de mi primo que murió

No existe ningún estudio, investigación o indicio proveniente de la práctica clínica que nos diga que desprendernos inmediatamente de las pertenencias de nuestro ser querido aceleren el proceso curativo de nuestro duelo.

Sin embargo, dicha creencia está muy extendida en nuestra sociedad.

La idea de que retirar pronto las pertenencias del fallecido va a acelerar el proceso curativo parece muy aceptada en un intento de minimizar el dolor de la ausencia.

Este comportamiento humano responde a un mecanismo de defensa que no nos permite afrontar el dolor. Sin embargo, lo que parece una ruta rápida a la curación, puede hacer que el proceso de duelo se complique.

Por ello, hoy te comparto una experiencia personal en la cual podrás identificar si dicha práctica te puede o no beneficiar en tu proceso de duelo.

Recuerdo que cuando falleció un primo muy querido, viajé a Los Ángeles California a acompañar a mi tío que vivía con él, su hijo. Ellos vivían solos y yo estaría muy poco tiempo apoyándole en su proceso.

Cuando llegó el momento de tomar decisiones sobre si seguiría o no viviendo en el mismo lugar en el que compartía con mi primo, mi tío me dijo que pensaba mejor cambiarse de vivienda y prefería vivir en un apartamento dentro de la casa de su mejor amigo para no sentirse tan solo.

Posteriormente, llegó el momento de tomar decisiones sobre las pertenencias de mi primo y entonces me dijo que prefería regalar todo porque sería para él muy difícil quedarse todo.

Lo conversamos, le dije que no era lo mejor, pero entonces le pregunté: ¿Qué pasaría  si retiramos precipitadamente las pertenencias y las regalamos?

Entonces, reflexioné con él sobre los casos de duelo complicados que atiendo.  He podido atestiguar constantemente cómo las personas para  evitar el dolor y aparentar que no pasó nada, caen en una trampa que acentúa y prolonga el sufrimiento.

Le comenté que por un lado, a corto plazo parece que el dolor se minimiza, ya que el doliente no tiene acceso al recuerdo constante del fallecido que conlleva ver sus cosas.

Mientras, a largo plazo, el dolor que debe ser expresado, así como las emociones y los pensamientos que construyen el duelo, se van reprimiendo y arrinconando.

No dar espacio y no permitir que el duelo se exprese, crea dentro del doliente una  alta posibilidad de un duelo patológico complicado.

Intentar hacer un cambio muy drástico tras la pérdida de un ser querido, obliga indirectamente al doliente a estar bien, como si le corriera prisa aceptar y adaptarse a lo que ha ocurrido.

Además, transforma artificialmente una situación que es dolorosa que requiere tiempo  para procesarlo sanamente.

Entonces le brinde la propuesta de revisar todas las pertenencias y darse el permiso de clasificarlas de una forma como mi primo lo haría, y cómo él  hubiera manejado la distribución de sus pertenecías.

Esta idea trajo un gran bienestar a mi tío y me permitió trabajar su duelo. Él me contó cuando fueron de compras en diferentes ocasiones y le decía: “Si me voy antes de usted, agarre mis zapatos, porque calzamos lo mismo y tenemos los mismos gustos, la ropa dónela y la mejor se la da a mis amigos y primos. Las gorras rífelas con mis amigos porque son de mis equipos favoritos”.

Así comenzó el proceso de distribución de las pertenencias. Nos tomamos el tiempo para clasificar lo que mi tío tomaría, lo que donaría, lo que rifaría y lo que vendería.

En ese tiempo lloramos y recordamos juntos, fue muy sanador y manejamos todo desde la forma en como mi primo desearía se hubieran manejado la distribución de sus cosas.

Fuimos a donar la ropa, la cama, muebles y zapatos a personas que viven en las calles y a albergues.

Hicimos una cena donde se rifó su ropa, fotos y gorras. Ese día se vendieron juegos y películas que con los fondos ayudaron en un albergue y mi tío se quedó con las pertenencias más significativas (música, fotos, zapatos entre otras pertenencias).

El carro se lo vendió a un precio simbólico a su mejor amigo.

El proceso fue doloroso, pero lleno de amor y a la vez muy sanador.

Mi tío pudo irse a vivir al apartamento de su mejor amigo con las pertenencias que le ayudan a manejar su duelo y con la satisfacción que ayudó y donó conforme a la manera que lo hubiese manejado mi primo.

Mi humilde recomendación. es que al perder a su ser querido organice sus pertenencias. Si no puede, reconózcalo y busque el apoyo de otra persona que aprecia y que esté fortalecido.

Es muy importante reconocer que no hay por qué hacer todo de una sola vez: se puede ir organizando en días separados, o por fases, etc.

Guarde ciertos objetos en una caja especial que podamos ver de vez en cuando, dona la ropa o deja en algún lugar visible otras cosas que puedan ayudar a darle un sentido a todo. Esa es la mejor manera para que el dolor se vaya drenando poco a poco.